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Marilyn...del Cuyaguateje

Cuando falla el silbato

Cuando falla el silbato

 El parto de la COPA del MUNDO será en menos de un par de semanas, y ya todos nos frotamos las manos esperando golazos memorables, asistencias de lujo y planteamientos "guapos". Sin embargo, la consumación de esos sucesos dependerá de los atletas y los técnicos, y ellos no son los únicos que deciden el curso de los juegos.

La verdad es que existe un elemento clave en el que muy pocos reparan, y ese es el arbitraje. Esto es: si el trabajo de los referees y liniers supera la calificación de "decoroso", el torneo sale adelante sin peros ni sospechas. En cambio, si los hombres del silbato y las banderas yerran en exceso, el evento decae, y hasta puede pasar a la historia con algún asterisco fastidioso.

¿Acaso no hay Mundiales marcados por equivocaciones arbitrales derivadas de despistes, malas apreciaciones o carencia de sentido común? Para muestra, repasemos algunos botones...

En las semifinales de España’82, Francia y Alemania Federal protagonizaron un partido memorable que deparó el triunfo final de los teutones. No obstante, otro habría sido el cuento si el árbitro holandés Charles Corver hubiera sancionado la brutal agresión del arquero Harald Schumacher sobre el pequeño galo Patrick Battiston, quien recibió un impacto tal que perdió dos dientes y cayó exánime al césped. El hecho pasó a los libros como El Crimen del Siglo, pero Corver apenas lo interpretó como un choque común y corriente.

Por su parte, en México’86 el tunecino Alí Bennaceur validó un gol con la mano del argentino Diego Armando Maradona en el encuentro de su equipo versus Inglaterra. La lógica elemental indicaba que la jugada era imposible, dada la envergadura física del portero Peter Shilton, un leviatán al que El Pelusa escasamente le llegaba a los hombros. Pero Bennaceur permitió que el falso tanto subiera a la pizarra.

Otra barbaridad se vincula con la mala fortuna de España en las citas mundialistas, y ocurrió en la Copa estadounidense de 1994. Entonces, los ibéricos batallaban su pasaporte a semis contra los italianos, y el defensor azzurra Mauro Tassotti casi le desfigura el rostro al asturiano Luis Enrique. La sangre manó a chorros, e inconcebiblemente el húngaro Sandor Puhl y sus asistentes no apreciaron aquel codazo que habría significado, al mismo tiempo, penalti y expulsión.

¿Quiere un ejemplo más? Pues le cuento que en la cita orbital de 2002, el egipcio Gamal Al Ghandour llevó el descaro hasta los cielos para beneficiar a los anfitriones sudcoreanos, quienes enfrentaban en la etapa de cuartos a -¿quién si no?- España.

Ayudado en las líneas por otros sinvergüenzas como el trinitario Michael Ragoonath y el ugandés Alí Tomusange, Ghandour anuló en el primer tiempo un gol más que legítimo a Fernando Morientes, alegando que antes del centro de Joaquín la pelota había salido por la línea de meta. Como usted ya supuso, no era así.

No contento con ello, el egipcio anuló un nuevo gol de la Furia en el complementario, al estimar que Rubén Baraja había conseguido la rúbrica tras aprovecharse de una posición adelantada. A la postre, la sede logró el triunfo, y la televisión captó la imagen de un hombre que sonreía mientras miraba al técnico coreano. Era Ghandour.

-Tomado de CubAhora-

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