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Marilyn...del Cuyaguateje

Por la limpieza de las áreas comunes

Por la limpieza de las áreas comunes

 El balcón de mi apartamento sí es particular y aunque se llueve y se moja como los demás, es responsabilidad mía mantenerlo higiénico y sin vestigios de tarecos y desechos depositarios de agua que brinden paz y sosiego a los mosquitos para reproducirse. Tiene un tanque para preservar el preciado líquido y muy bien tapado. Ese compromiso con la salubridad es evidente, se revisa cada diez días aproximadamente, nada de vista gorda ni pereza que alargue la acción de limpieza prometida. ¿Pero qué pasa cuando el espacio citadino aparentemente no tiene dueño? Los frentes, costados y fondos muchas veces son terrenos de nadie, los cuales gracias a la negligencia de unos y a la indolencia de otros, se convierten en una ¨ fortaleza ¨ para el deseable insecto, que sigue dando batalla. Se busca hacer responsable a los trabajadores permanentes encargados de la chapea y embellecimiento de esas áreas, con facultades de llamar la atención y no dudo que poner multas, pero yo no quitaría responsabilidad en la solución, sino también evitar que ensucien esos lugares y los mismos cederistas deben velar por tales acciones, porque todos conviven con la suciedad y están a riesgo de alcanzar una enfermedad. Las fumigaciones son necesarias, pero no desaparecen el mal pues cuando estas se aplican es porque se nos fue de las manos el cumplimiento de nuestras obligaciones, incluidas las individuales, como ciudadanos, en aquellos espacios a nuestro cuidado, o con respecto a algún paso en la vigilancia de inmunidad. Así que bien vale la pena eliminar de paso el concepto de tierra de nadie, que tanta irresponsabilidad esconde y tanto insecto engorda. Esos espacios no son para que los mosquitos vayan a vacacionar, son nuestros y debemos mantenerlos siempre limpios.

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