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Marilyn...del Cuyaguateje

Decimista Mayor, el Indio Naborí

Decimista Mayor, el Indio Naborí

 

Un tomeguín, una guardarraya, una loa al campesinado, un amor guajiro, salpicados por la décima o cualquier verso rimado,  nos conducen a Jesús Orta Ruiz,  el Indio Naborí.

 Nacido el 30 de septiembre de 1922 y acreedor, sin dudas de la condición de decimista mayor del siglo XX cubano, se caracterizó por cantar a lo tradicional, por el énfasis exhortativo y laudatorio de sus poemas y por exponer en cada palabra la larga historia de lucha del pueblo cubano.

Vino al mundo en la periferia rústica de la Ciudad de La Habana, en el seno de una familia campesina conservadora de las tradiciones y el folclor de origen español en los campos de Cuba. De ahí que el punto de partida de su vocación poética, manifiesta precozmente, no podía ser otro que la décima, folclorizada en el canto de nuestros labradores.

Desde los nueve años de edad improvisaba. En su adolescencia comenzó a conquistar una popularidad que ha culminado en legendaria, que lo identifica más con el seudónimo de Indio Naborí, sobrenombre que recuerda al aborigen que laboraba la tierra en oposición a los cantores populares que en aquella época se autollamaban caciques.

Sus poemas nos ofrecen la paradójica visión del poeta ciego que, con sinestesias mágicas, el sexto sentido de su espíritu, el sueño, el recuerdo y un creacionismo de pequeño dios, logra visualizar el mundo desde la neblina.

De él Alexis Díaz Pimienta escribió cuando el cumpleaños 80 del poeta lo siguiente:

¨Cuando el Indio era ya un mito entre los repentistas, alejado de los escenarios desde muchos años antes, y yo no era más que un adolescente que intentaba, como él, equilibrar dos pasiones en apariencia opuestas: literatura y repentismo. En aquella época, los jóvenes improvisadores nos reuníamos a escuchar y a debatir las controversias de Naborí con Valiente, con Pablo León, con Omar Mirabal, como si fuéramos una verdadera cofradía, y decíamos de memoria décimas enteras y redondillas sueltas de la famosa Controversia del siglo, entre el Indio y Valiente en el Estadio de fútbol Campo Armada, en 1955. De modo que el Indio Naborí era para mí un referente constante, inmediato, altísimo, en esa etapa formativa, cuando tenía 14 ó 15 años

…Reconozco que desde que nací, o al menos desde que tengo noción del repentismo, su figura ha sido un icono poético, y su nombre ha estado ligado a las distintas etapas de mi evolución como improvisador y como escritor.

Pero más allá en el tiempo, cuando apenas tenía 11 ó 12 años, me recuerdo sentado en la sala de su casa en 11 y 8, acompañado por mi padre que me llevaba ante el Maestro para que este escuchara mis primeros poemas. Y, siempre humilde y sabio, pedagogo natural, llegaban en su elogio suave y su consejo útil, el entusiasmo verdadero y la corrección justa, todo en una mezcla equilibrada que finalmente me dejaba claro que sí, que estaba en el camino, pero que me faltaba mucho todavía.

Naborí sigue siendo referencia obligada, sus poemas son siempre bien recibidos.

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