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Marilyn...del Cuyaguateje

El caballero de París

El caballero de París

La relación de pareja, ese vínculo que establecemos los seres humanos con la esperanza de ser felices y construir juntos una vida común, puede ser vulnerada por numerosos factores. Entre los que atentan contra su estabilidad y solidez está el narcisismo exagerado.

 La presencia de este fenómeno impide el disfrute y satisfacción mutua desde el momento en que quien lo padece comienza a ignorar los intereses del otro y hace prevalecer sus gustos, apetencias y necesidades por encima de todo.

 Leía sobre el tema y topé con el personaje de leyenda E l Caballero de París, de quien se dice que era un hombre con dimensiones narcisistas. Tenía delirio de grandeza. Andaba por las calles de la capital cubana siempre vestido de negro, con papeles bajo el brazo y una bolsa donde llevaba sus objetos personales.

 Lo conocí en mi etapa universitaria, y de verdad, era místico. Se narra que era una persona buena, saludaba a todos y solía dormir en la esquina de Infanta y San Lázaro. Su verdadero nombre es José María López Lledín y no nació en París, sino en España, en la provincia de Lugo, el 30 de diciembre de 1899. Llegó a La Habana con 14 años de edad y según un artículo de la Agence France Presse, trabajó todavía cuerdo, en los hoteles Telégrafo, Sevilla y Maniatan. En 1920 se le acusó de un robo y fue llevado a prisión – después se supo de su inocencia-. Allí se volvió loco. Al concluir la sentencia salió a las calles y empezó a llamarse El Caballero de París. Su comportamiento motivó que se escribiera sobre él, le hicieran estatuas y se les recuerde con simpatía.

 En 1977 fue internado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Murió el 12 de julio de 1985 a la edad de 85 años. ¨ Yo soy el rey del mundo, porque el mundo siempre está a mis pies ¨, expresó en 1949 a la revista Bohemia. Los restos de este hombre, que padecía de una psicosis causante de su delirio de grandeza, hoy descansan en el convento de San Francisco de Asís.

Una estatua a él, hecha con bronce por el escultor José Villa Soberón y a tamaño natural, se erige frente a dicho convento y constituye punto de referencia obligado para turistas como parte de las constancias fotográficas de haber visitado Cuba.

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